desde la perplejidad
Viaja alrededor del mundo en linea recta; sobrevolando, mares, océanos, desiertos, bosques, montañas, lagos, ríos... hasta avistar la siempre presente en sus aventuras ria del Nervión. A 43º Norte avista ciudades como Florencia, Sarajevo, Grozni, Xilin, Vladivostok, Sapporo, Manchester... para finalizar aterrizando de su epopeya sin escalas en Bilbao, la ciudad que le vio nacer.
Dentro de su maquina de coser este intrépido piloto se balanceaba de un lado a otro, imitando el estruendo de los motores de los cazas a reacción, imitando y devorando una vida que acaba de comenzar. Su nombre es Manuel, un niño que juega, un niño que vive con mayúsculas. Valiente, amado, le sobran las ganas de vivir y no tiene miedo ni a nada ni a nadie.
El aviador nació un miércoles, su padre, al recibir la noticia de que su cuarto hijo era un varón, se lo tomo muy bien; se emborracho, compró todos los cohetes que pudo agenciar en el barrio y celebró por todo lo alto el nacimiento de su primer y “único hijo”. Manuel Garcia vio “la luz” un siete de julio y un martes siete de octubre del 69 vio “la sombra”. Aquel martes de octubre Manuel Garcia fue marcado para el resto de su vida por “la sombra del hacha”.
Siete de octubre del 69; la lluvia golpea las ventanas de unas viviendas construidas para hacinar a hombres y mujeres que vinieron del Sur. Seres humanos concentrados en los alrededores de unas fabricas que les permiten sobrevivir con un sueldo miserable a cambio de entregar su salud y su vida. La lluvia siempre golpea en el número 23. La madre de Manuel espera paciente todo lo que el día le deparara, ella sabe que si su marido se retrasa, sera el tormento el que abrirá la puerta. Llueve a cantaros en el primer piso según entras a la derecha, una lluvia que no cesa en un lugar conocido como Siete Campas.
El padre de Manuel asciende la cuesta que le lleva a su casa, mientras que el aviador desciende con éxito a su aeropuerto secreto situado en el pasillo. El niño de ojos saltones dentro de su avión a reacción marca Sigma ve como su padre abre la puerta ...y su madre, paciente, actúa como si tal cosa. El borracho monta bronca, configura el espacio y detiene el tiempo, socializando el sufrimiento se siente de nuevo en casa.
Abrasado por el alcohol, quemado por el calor de los hornos, se avergüenza de sus cicatrices. No puede despegarse del tufo que impregna su cuerpo a carne quemada. Día y noche desde que salio del hospital, vive atornillado a la barra del bar y al olor de su carne consumiéndose en el fuego. Una y otra vez vuelve sin moverse, de la barra al hospital y del hospital a la barra, regresa una y otra vez a sus piernas envueltas en vendas y las vendas envueltas en su piel.
A Julio Garcia le arrancaron la piel a tiras y con Esplendido Garvey adormilaron su dolor. Pudo haberse quedado invalido pero su determinación le mantuvo en pie. En pie sí, pero dando tumbos por los angostos senderos que ascienden al número 23 de Siete Campas.
Cuentos de ogros... niños y cocinas, madres que sirven de refugio ante la ira de la bestia.
El aviador no conoce el miedo y mira fijamente al gigante sin entender nada -¡y tú qué cojones miras! - le dice su padre. Manuel piensa con detenimiento lo que siente, porqué todavía no le han robado esa capacidad y dice -¡si no la quieres vete, qué yo sí la quiero!- Su padre; Dark Vader, Freddy Kruger, Jack Nicolson en el Resplandor... Su padre “un ogro” instalado en el pasado, acorralado por el dolor, sin pensarlo dos veces, coge a su hijo “al deseado”, lo saca por la ventana como si de un muñeco se tratase, lo cuelga boca abajo, lo zarandea, le grita... El niño llora y sus lagrimas se confunden con la lluvia, el aviador le pide que pare, “el niño-aviador” no entiende nada, extiende sus brazos pidiéndole amparo, mira al vacío, pero su padre sólo puede ver y sentir su propio dolor. Cuando por fin ve el terror en los ojos de su hijo, se permite entregarlo a los brazos de “la puta de su madre”. Incomprendido, Julio coge el hacha, el sabe que “que ese maricón” nunca olvidará. La madre de Manuel llora, grita y le pide que pare, pero esto sólo alimenta su rabia. Los cuatro niños y la madre se refugian en el cuarto de baño mientra que el borracho se tumba a los pies de la puerta a esperar.
El ogro se queda dormido y los niños hacinados en el baño sienten el calor del otro, entre ellos se crean lazos que nunca se perderán e historias que nunca contarán...
Cuando es tu padre quien te amenaza con el hacha y dicen que te va a matar a ti, a toda tu familia, pero a ti el primero, tu has realizado un viaje a la frontera. Si tu sigues viviendo con ese padre, es inevitable que él sea tu modelo. Esto te obliga a borrar todos límites entre lo que te ampara y lo que te amenaza de muerte. Cuando tu padre alza el hacha, su sombra cubre tu alma... y tu manera de amar.
Hoy el pasado se ha sentado enfrente mio. En el convoy de cola, en la noche eterna del suburbano, Ardilla y Yo hemos realizado un viaje en el espacio-tiempo. Ante este acontecimiento fortuito he tomado la decisión de contaros unos hechos que pertenecen a mi infancia y yo creía olvidados, pero que al recordarlos me siguen doliendo como el primer día. Permitidme que lo haga en tercera persona, porque de esta manera me resultará mucho más sencillo... lo que realmente quiero decir es que me resultara mucho menos doloroso.
En el convoy de cola, en la noche eterna del suburbano, dos hombres se sientan uno enfrente del otro y los dos son trasportados a los infiernos. En un viaje que les lleva treinta y un años atrás y los sitúa en el colegio de los Cuervos. Manuel sin moverse de su asiento regresa al aula de séptimo de EGB y Ardilla “el niño” puede escuchar con toda claridad a su profesor gritar ¡Ardilla al encerado! Manuel y ardilla en décimas de segundo han regresado a los hornos donde se fraguaban a los náufragos del futuro.
La memoria tiende ha desencadenarse por “algo” y en este caso ese “algo” es un encuentro casual, un hombre sentado frente a otro, mirando al infinito para no tener que cruzar sus miradas.
La memoria es mucho más que imágenes y recuerdos de un pasado en eterno retorno. El pasado, presente convertido en memoria, son marcas que pueden ser tatuajes o cicatrices, pero siempre huellas que nos acompañan el resto de nuestras vidas. Pero hay recuerdos de otra naturaleza, que no conectan con marcas, sino que lo hacen con heridas; dolorosas lesiones, nunca curadas, eternamente en carne viva, recalcitrantes hasta decir basta, heridas que no nos permite despegarnos del dolor y hacen sentirnos abocados a mitigarlo con lo que sea. El sufrimiento enloquece y dirige nuestros pasos hacia senderos que van desde la destrucción a la autodestrucción, y Ardilla en este caso, se encontraba en plena autodestrucción.
Ardilla, Manuel y otros cuarenta niños compartieron durante ocho años un espacio donde se les debía haber permitido la posibilidad de convertirse en personas, pero eso no fue así, se trato más bien de la negación sin contemplaciones de cualquier cosa que no pasara por un programa académico... y algo más.
Hace más de treinta años, entre los muros del colegio de los Cuervos, dieciséis hombres sin piedad sometían rutinaria y sistemáticamente, a seiscientos setenta y dos niños. El silencio era su aliado, el silencio de Abraham dirigiéndose al monte Elah. Esos dieciséis hombres violentos y con un amor infinito en su corazón, se dedicaron a pisotear cualquier posibilidad de ser y poder ser. Sus bocas vertían palabras de amor. Esos “hijos de Dios”, se dedicaron a pedir de todas las maneras imaginables, bondad y sacrificio. Pero de sus manos sólo podías esperar un puño siempre dispuesto para indicarte el camino de la virtud y la penitencia. Despreciar las necesidades de sus discípulos era su pan de cada día y su misión sobre la tierra; la violación del cuerpo y el alma de unos niños abandonados a su suerte. Estos maestros de la negación, cometían sus acciones en horario escolar, de lunes a viernes, lo hacían simplemente porque podían, sin sutilezas, “a pelo”, una manifestación de poder en estado puro.
Pero como en casi todos los grupos humanos, siempre hay alguien que destaca, y en este caso se trataba de una leyenda de los recreos y los pasillos. Un bestia que se hacia llamar JM: alias El Amargado, alias Mano Eléctrica, era conocido por todos por ser el más “sádicochulohijodeputa” que habitaba en las aulas, y esa “perla” fue el tutor de Ardilla y Manuel en el curso 77/78. A ese cabrón se le notaba que disfrutaba con la enseñanza. Todos ellos querían salvar aquellos niños pero JM, con más ahínco si cabe.
Para todos ellos, salvar a los hijos de los obreros era una noble misión y se dedicaban a ello con toda su alma, no como esos “mercenarios” de la escuela pública.
De vez en cuando dedicaban parte de su tiempo en soltar una arenga. Solía versar sobre lo humano y lo divino, pero sobre todo, les encantaba contarnos el cuento de todo lo que les importábamos y lo desagradecidos que eramos. Ellos que podían dar clases en cualquier lugar, y ahí estaban, sacrificando su carrera por un grupo de inútiles. Estos educadores se habían impuesto así mismos la titánica tarea de formar a los futuros herederos de la colada continua. Una generación que años después se tuvo que inventar así misma, porqué la puerta de entrada a los Altos Hornos de Vizcaya se había cerrado, abriéndose las puertas de las oficinas de empleo. Con un paro endémico y nuevos hábitos de consumo, integraron en la vieja dieta de sus padres de alcohol y putas, nuevos productos en un mercado emergente: hachís, heroína, anfetaminas, barbitúricos, speed, tripis, cocaína... Esa generación entró en muchos sitios: farmacias, comisarias, bares, chabolas para chutarse, cuartos de baño donde hacer cola, juzgados, centros de rehabilitación, curros de mierda... Pero nunca jamás entró en la fabrica de sus padres.
En el convoy de cola, en la noche eterna, Manuel frente Ardilla, ni una mueca, ni un gesto, pero en sus cabezas se ha desatado la tormenta perfecta. Las imágenes de aquel infierno calientan su sangre y aumentan su ritmo cardíaco, mientras que las viejas heridas que nunca han dejado de sangrar, siguen doliendo como el primer día. Ellos no pueden dejar de avergonzarse de si mismos. Como explicarles que los que tenían que haberles cuidado no lo hicieron. Ellos no pueden evitar sentirse culpables de no haber dado la talla. Se sienten los únicos responsables de la decepción que han supuesto a sus familias. Dentro de los cuerpos de estos hombres, habita un huésped, un niño amenazado que no puede marcharse. Si te niegan, tu no mereces la pena y te condenan a seguir esperando durante el resto de tu vida que alguien te vea. Esos niños que ellos fueron, eran inocentes, y este dolor viejo que no pueden arrancarse, no fue culpa suya. Fueron sometidos como perros y como perros esperaban unas migajas de amor. Y aún hoy esperan que alguien les salve. Y mientras tanto... seguirán esperando.
Ardilla fue al encerado día tras día, esperando clemencia, pero sólo encontró crueldad en todas sus versiones, como quien no quiere la cosa, día tras día, fue violado y con él todo lo bueno que se puede esperar de un ser humano.
¡Sí! JM como quien no quiere la cosa, sobó los cuerpos de sus alumnos con todo lo que tenía, fundamentalmente con su odio y rabia. Humillaba a sus alumnos como deporte. Los golpeaba ante su público, que eran el resto de niños que estaban en su aula. Ese hombre que triplicaba el peso de unos chavales aterrorizados, los machacaba con convencimiento y generosidad.
Hablar en tercera persona duele menos, pero a mi el dolor de Ardilla no me duele. A mi sólo me duele mi dolor. Yo también estuve allí, no me veo tan “jodido” como él, pero esto no lo estoy escribiendo por Ardilla sino por mi. JM nuca me puso la mano encima, solamente una vez me pidió que me quedara después de clase para meterme mano y lo hizo, esto no ha sido un trauma en mi vida, ni tampoco, las duchas después de gimnasia donde nos pedía que nos jabonáramos los unos a los otros, y por supuesto, a él siempre un niño le jabonaba en privado. Nosotros y muchos otros simplemente estuvimos abandonados a nuestra suerte. JM fue todo lo que os he contado, todo lo que os he contado era él. Nos hizo daño, mucho daño. Seguramente por muchas razones, entre ellas es posible por el hecho de no poder asumir su propia sexualidad, que tal vez no pasara por el matrimonio y la creación de una familia. Que te induzcan a tocar la polla a un adulto, es una mierda, pero que te maten a palos, te humillen, te digan que no tienes futuro y que no mereces la pena, es más de lo mismo.
Fueron ocho paradas de metro en las que coincidimos Ardilla y Yo, desde entonces no he vuelto a verle, pero si pudiera volver atrás le diría ¡Ardilla, tío, no fue culpa nuestra!
Manuel Garcia, Bilbao, 19 de enero del 2010.
Ayer cene con mi madre, sentado en la mesa de la cocina y de espaldas a ella, porque como durante toda su vida estaba trajinando en la cocina. No recuerdo exactamente como fue, pero esta fue mi pregunta ¿porque papa nos hizo sufrir tanto? Y ella sin apartar la vista de lo que estaba haciendo me contesto lo siguiente; fue muy desgraciado de niño y sus nervios no podían con tanto hijo, soltó un suspiro y continuo, cuando tuvo el accidente, las monjas le daban coñac para el dolor, parece ser que no tenían otra cosa.
Ayer estaba barriendo y a través de la radio oí la voz de una mujer de dieciocho años que narraba como la maltrataron en un centro de menores, la ataban a la cama, la amordazaban para no oír sus gritos, la medicaban y mentían a sus padres diciendo les que estaba de excursión mientras ella se encontraba amarrada como un “nose”.
Ayer no fue un buen día.
Dar dignidad a una reivindicación a través del sacrificio de uno mismo por una causa que afecta a otros, puede parecer uno de los más admirables gestos que un ser humano puede hacer hacia los suyos. Estar un poco más cerca de dios siempre genera admiración, pero lo siento, creo que morir, es un algo extremadamente vulgar, a no ser que uno lo utilice como herramienta para conseguir algún tipo de objetivo.
Dentro del universo de los sacrificios, en occidente el que más celebre puede que sea el de Abraham. Sacrificar a su hijo, un hijo amado y deseado, sólo por el capricho de su dios, su jefe, su agente de la autoridad, su funcionario, su sanitario, su educador, digamos cualquiera en el que depositamos el control de nuestras vidas sin cuestionarnos nada de nada.
De estos padres celebres por sacrificar su vida personal por los demás. Ernesto guevara “el che” por el que siento mucha simpatía, pero un día caí en la cuenta, que el fue padre de familia, y que sacrificó su vida por la liberación del continente americano y no por la crianza sus hijos, esos hijos necesitaban un padre no un icono de la cultura pop. Y dando le vueltas a personas celebres que decir de hitler, que bien si se hubiera dedicado a la crianza, seguro que su familia hubiera sufrido en privado todo el poder del tercer reich y no un pueblo alemán, que como un niño desamparado no pudo cuestionar a un padre autoritario, ya que lo necesitaban a pesar de todo. No quiero cuestionar al “che” y si cuestiono a hitler, pero sus vidas no me interesan, ya no, ahora admiro la vida de los hombres y mujeres que nunca nadie hablara de ellos. Creo en la revolución interior, de verdad, amar y ser amado merece una vida. Luchar por lo que nos importa, no darnos nunca por vencidos, pero lo que nos importa, son personas, con las que nos tocamos todos los días, no están en otro continente, están a mi alcance. No quiero ser un héroe, quiero ser un hombre comprometido con mi familia, solidario con mi madre que esta enferma, liberar a mi hija de las ataduras de mis miedos, dignificar mi trabajo, no soy individualista sólo es que no quiero escapar de mi enemigo “Yo”.
La memoria, todo lo que soy, como me muevo, mi manera de modular la voz, mi tristeza, lo que veo en las manchas de las paredes, el olor de las cosas, todo lo que soy es mi memoria. Pero no solo eso, lo que no me ha pasado, los viajes que no he hecho, las novias que no he tenido, los hijos que nunca he cuidado, los trabajos que no me han ofrecido, los libros que no he leído, la lluvia que me a empapado y lo poco que la he sentido, las noches en vela, los días dormidos, el dolor y la risa que por cantidad creo no recordar pero que aquí están. No avanzo sólo, siempre acompañado de mi memoria, y cada gesto y decisión se convierte en memoria y cada elección pertenecen a mi pasado que esta presente en mi ahora y con todo esto giro en este mundo.
Diseñado por Daniel Mota
basada en las plantillas de Studio.st
Gestionado con Bitacorae.
Alojado en Bitacoras.com